ENREDADORD
Fueron levantados con los recursos del Estado, con el dinero del pueblo. En su momento, la Plaza de la Salud y CEDIMAT se presentaron como obras emblemáticas: centros de salud modernos, símbolo de progreso y esperanza para miles de dominicanos que soñaban con recibir atención médica digna y oportuna.
Pero hoy, la realidad dista mucho de aquella promesa.
La Plaza, entregada a un patronato que con el tiempo se transformó en una empresa privada, solo acepta determinados seguros médicos, dejando fuera a una gran parte de la población que, paradójicamente, fue quien financió su construcción. Los costos y diferencias a pagar se han disparado de forma exorbitante, mientras el acceso al servicio se vuelve cada día más limitado.
El caso más alarmante es el del área de cardiología, donde los pacientes llegan en condiciones críticas y deben esperar en una emergencia colapsada, atendidos apenas por un médico y una enfermera en triage. Quienes acuden buscando auxilio, muchas veces deben enfrentarse primero al reloj y a la desesperación.
¿De qué sirve tener modernas infraestructuras si no hay suficiente personal para salvar vidas?
La pregunta es inevitable:
¿Cuándo se ampliará el área de triage y se reforzará el personal médico y paramédico?
¿Esperaremos a que la saturación se cobre más vidas antes de actuar?
El Estado, que permitió y financió el nacimiento de estos centros, tiene la obligación moral y social de garantizar que sigan sirviendo al pueblo y no solo a quienes pueden pagar.
Porque la salud no es un privilegio: es un derecho. Juan Pujols RD, paciente de Cedimat en el el área de cardiologia.
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