Por Fernando Despradel
En nuestro recorrido diario por las calles de la ciudad de Santo Domingo edificaciones que enriquezcan la belleza de nuestra ciudad.
No sólo la Ciudad Colonial automáticamente nos sentimos bien por el orden y la sensación de cuidado de la mayoría de las edificaciones coloniales.
En calles y avenidas sentimos también ese bienestar visual con edificaciones modernas, y sumamente cuidadas.
Lamentablemente presenciamos edificios y casas que dan la sensación de estar podridas e infectadas, como cuerpos enfermos.
Periódicamente los edificios pantallas ubicados en torno al elevado de la Av. 27 de Febrero se benefician del favor del Ayuntamiento local, como ocurrió recientemente por la visita de miles de atletas que participaron en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Como decía un famoso político dominicano, aquí ya existen leyes para corregir y normal todo.
Sólo es hacerla cumplir.
El caso que nos ocupa no es la excepción, las leyes 675-44 y 176-07 facultan a los ayuntamientos locales para mantener el decoro, la limpieza y armonía de las edificaciones en sus respectivas jurisdicciones.
Otros factores influyen en una correcta presentación de nuestras calles y avenidas, tales como el exceso de publicidad visual (vallas y letreros) y los embrollos de cables de empresas de energía y de cables, de las cuales no están exentas las avenidas troncales.
Existe una organización privada que vela por el buen estado y cuidado de joyas arquitectónicas por todo el país y tambien aquellas que están en mal estado, incluso en estado ruinoso, logrando espectaculares "rescates".
Esas leyes de los ayuntamientos debieran tener un manejo práctico y efectivo corrigiendo edificios y casas en estado de asquerosidad.








