Por Fernando Despardel
Aún los atletas pertenecientes a familias acomodadas, una serie de sacrificios acumulados día a día durante meses con régimenes alimenticios especiales, prácticas.. para poder representar dignamente al país en los recién finalizados Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Para muchos y muchas de los participantes esa etapa preparatoria significó mucho más, especialmente en disciplinas que aportaron muchas medallas, como halterofilia, karate, judo, boxeo, atletismo, boxeo y otras cuyos atletas proceden en su mayoría de clases de escasos recursos.
Para ello, su participación se extiende a mucho más de los 16 días de competición, largos meses de aprendizaje y preparación, incluso en el extranjero.
La ocupación laboral de muchos de ellos quedó seriamente afectada y tuvieron que subsidiar esas bajas en sus ingresos con la obtención de préstamos en el mercado informal a intereses abusivos.
Así resultó por el testimonio de una de las competidoras en artes marciales, felizmente resultó triunfadora en los combates y merecedora de la medalla de oro.
Confesaba la atleta que una parte considerable del premio lo dedicaría a pagar las deudas incurridas en el período de preparación y otra parte para continuar construyendo su vivienda.
Nos preguntamos, y los o las que no obtuvieron ningún tipo de incentivos, porque sencillamente no resultaron airosos en su participación, continuarán lidiando con esos feroces compromisos, similares a sus contricantes en las competencias deportivas.
Relatos maravillosos y altamente positivos para aquellos (as) que multiplicaron sus hazañas, como la nueva estrella vegana, Liranyi Alonso quien obtuvo 5 preseas de oro, quien devengará un dineral con sus repetitivos triunfos.
Ojalá que en los casos tan tristes y lastimosos encuentren dolientes y alguien se conduela de ellos en los corrillos federados facilitándole auxilio para salir de esos aterradores compromisos.








