Arabia Saudita ha cancelado varios cargamentos de petróleo previstos para septiembre después de que un ataque con drones dañara el oleoducto Este-Oeste y paralizara sus operaciones. Con unos 1.200 kilómetros de longitud, esta infraestructura conecta los principales yacimientos petrolíferos del este del país con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y permite transportar el crudo evitando el estrecho de Ormuz, cuya navegación se encuentra gravemente restringida, al igual que en las rutas próximas al estrecho de Bab al Mandeb, donde los hutíes han incrementado su control y actividad. El oleoducto se había convertido en una vía estratégica para mantener las exportaciones saudíes en medio de las interrupciones que afectan a las principales rutas marítimas de la región.

El impacto ya se está haciendo sentir en Europa. El grupo energético polaco Orlen está buscando con urgencia alternativas para garantizar el suministro de sus refinerías, como la de Gdansk, después de que varias entregas de crudo saudí previstas para septiembre fueran canceladas. Sin embargo, la paralización del oleoducto puede tener consecuencias que van mucho más allá de Europa: afecta al mercado mundial de petróleo y productos derivados, que ya se encuentra bajo una fuerte presión por las interrupciones de suministro y la reducción de las reservas disponibles.

Por ejemplo, en Estados Unidos, el precio del diésel ha alcanzado un nivel récord. Sin embargo, "el mayor impacto lo sufrirá el Sur Global, especialmente sus ciudadanos más pobres", advirtió Karthik Sankaran, experto en geoeconomía.

¿Por qué precisamente los países del Sur Global?
La mayor densidad energética del diésel hace que sea el combustible utilizado para mover camiones, autobuses y maquinaria agrícola, lo que lo convierte en un recurso fundamental en los países más pobres, donde la propiedad individual de automóviles está mucho menos extendida.

Por ejemplo, la India, el tercer mayor importador de petróleo del mundo, consume el doble de diésel que de gasolina. De manera similar, en Sudáfrica el consumo de diésel supera al de gasolina debido a las deficiencias o fallos de su infraestructura pública.

La situación también sigue siendo tensa en América Latina. Brasil, el cuarto mayor consumidor de diésel del mundo. Alrededor del 25 % del consumo nacional depende de las importaciones, lo que hace al país especialmente vulnerable a las interrupciones de suministro y a las fluctuaciones de los precios internacionales del combustible.

¿Hacia un aumento del hambre?
En segundo lugar, el conflicto en Oriente Medio también tiene consecuencias sobre los precios de los fertilizantes, afectando a agricultores de todo el mundo. El precio del fosfato, cuya producción depende del azufre procedente del golfo Pérsico, sigue siendo elevado, según Michael Werz, un experto del Consejo de Relaciones Exteriores.

Werz advierte que los altos precios podrían llevar a los agricultores a reducir nuevamente el uso de fosfatos por segunda temporada consecutiva, lo que podría agravar la escasez de alimentos en 2027. Y todo esto ocurre antes de un posible fenómeno de El Niño de intensidad excepcional, que amenaza a los agricultores de todo el Sur Global. El Programa Mundial de Alimentos estimó a principios de agosto que casi 50 millones de personas adicionales podrían verse empujadas hacia una situación de hambre aguda como consecuencia de este fenómeno climático.

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