ENREDADORD
Vivimos en una época donde todo se documenta, todo se comparte y todo parece necesitar ser visto. Pero en medio de esa necesidad constante de grabar, algo esencial se está perdiendo: la empatía.
Cada vez es más común ver escenas dolorosas convertidas en contenido. Accidentes, peleas, tragedias humanas… y alrededor, en lugar de manos extendidas, aparecen celulares en alto.
Persona que observan, enfocan, registran… pero no actúan. Y la pregunta surge inevitablemente: ¿en qué momento dejamos de ayudarnos?
No se trata de juzgar con superioridad, sino de reflexionar con honestidad. Muchos de los que graban no lo hacen desde la maldad. A veces es el impulso automático, otras el miedo a involucrarse, o incluso la idea de que están “haciendo algo útil” al registrar lo ocurrido. Sin embargo, cuando alguien está herido en el suelo, lo urgente no es el video: es la vida.
Hemos normalizado tanto el papel de espectadores que olvidamos lo que significa ser humanos en comunidad. Ayudar no siempre implica heroísmo; a veces basta con llamar a emergencias, acompañar, ofrecer agua, o simplemente no abandonar a quien sufre. Pequeños actos que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, entre la dignidad y el abandono.
También es cierto que vivimos expuestos a una sobrecarga de violencia. Las redes sociales nos han insensibilizado poco a poco. Vemos tanto dolor ajeno a través de una pantalla que, cuando lo tenemos enfrente, algunos reaccionan como si siguieran detrás de ella. Pero no, no es lo mismo. La vida real no se pausa, no se edita, no se repite.
“No me grabes, mejor ayúdame” no es solo una frase. Es un llamado urgente a recuperar lo básico, lo que debería ser instinto: cuidar al otro. Es un recordatorio de que antes de ser usuarios, espectadores o creadores de contenido, somos personas.
Y quizás la verdadera pregunta no es por qué otros no ayudan, sino qué haremos nosotros cuando llegue ese momento. Porque llegará. Y en ese instante, lo que define quiénes somos no es lo que grabamos, sino lo que hacemos.
Que nunca tengamos que escuchar esa frase dirigida a nosotros. : No me grabes mejor ayúdame" Pero si la escuchamos, que no dudemos en responder como seres humanos.
Juan Pujols RD.








