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En 2019 planteé que los partidos políticos son el sostén de la democracia, pero que estaban perdiendo su esencia debido a las luchas personales, grupales y a la ausencia de valores éticos y morales. La política debe recuperar su sentido de servicio, acompañada de una educación que forme ciudadanos críticos, creativos, emprendedores y comprometidos con su sociedad.

Hoy, el fenómeno de Santiago Matías (Alofoke) puede analizarse dentro de esa misma crisis. Su creciente influencia y sus aspiraciones presidenciales reflejan el desencanto de una parte de la población con los partidos tradicionales y la búsqueda de nuevas figuras capaces de conectar directamente con la ciudadanía.

Sin embargo, el cuestionamiento no debe limitarse a si Alofoke puede llegar al poder, sino a qué visión de país representa, qué valores defendería y cómo transformaría la manera de hacer política. Cambiar a los protagonistas sin cambiar el modelo podría hacer que la medicina termine siendo peor que la enfermedad.

La crisis de los partidos no se resuelve simplemente sustituyéndolos por figuras populares. Se necesita un verdadero cambio de paradigma: una política basada en valores, educación, transparencia, justicia social y servicio al ciudadano.

Por eso, las aspiraciones presidenciales de Santiago Matías deben ser vistas como parte de una transformación que vive la política dominicana, pero también como un desafío: convertir la popularidad y la influencia social en una propuesta seria de nación.

La política debe volver a tener como centro al ser humano y no la acumulación de poder o riqueza. Ese es el cambio que necesitamos para construir una República Dominicana con más paz, dignidad y oportunidades para todos.

En 2019 planteé que los partidos políticos son el sostén de la democracia, pero que estaban perdiendo su esencia por las luchas internas, el personalismo y la falta de valores éticos. La política debe recuperar su sentido de servicio, acompañado de una educación que forme ciudadanos críticos, creativos y comprometidos.

Hoy, el fenómeno de Santiago Matías (Alofoke) puede leerse dentro de esa misma crisis. Su influencia y posibles aspiraciones presidenciales reflejan el desencanto con los partidos tradicionales y la búsqueda de nuevas figuras que conecten directamente con la ciudadanía.

Sin embargo, la pregunta no es solo si puede llegar al poder, sino qué visión de país representa y qué valores defendería. Cambiar actores sin transformar el modelo puede agravar la crisis.

La solución no es sustituir partidos por figuras populares, sino impulsar un cambio de paradigma basado en valores, educación, transparencia y servicio ciudadano.

Las aspiraciones de Santiago Matías deben entenderse como parte de la transformación política actual, pero también como un reto: convertir la popularidad en una propuesta seria de nación.

La política debe volver a centrarse en el ser humano, no en el poder ni la riqueza. Ese es el cambio necesario para una República Dominicana con más dignidad y oportunidades.

Juan Pujols — Reflexión inspirada en “Crisis de Partidos Políticos”, 2019.

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