DISCURSO CONMEMORATIVO DEL 12 DE OCTUBRE
¡Pueblo dominicano, pueblo de América, reciban un saludo de respeto, conciencia y esperanza!
Hoy, 12 de octubre, nos convoca una fecha que marcó profundamente la historia de nuestro continente. Un día como hoy, en el año 1492, la expedición encabezada por Cristóbal Colón llegó a tierras americanas, dando inicio a un proceso de conquista y colonización que transformó para siempre la vida de nuestros pueblos originarios.
Pero preguntémonos: ¿cómo podemos hablar de descubrimiento de una tierra que ya estaba habitada por millones de seres humanos, con sus propias culturas, lenguas, creencias, formas de organización y sistemas de gobierno?
América no estaba vacía. Antes de la llegada de los europeos, nuestros antepasados indígenas vivían en estas tierras, cultivaban sus alimentos, desarrollaban sus conocimientos, organizaban sus comunidades y mantenían sus propias tradiciones. En la isla que hoy compartimos la República Dominicana y Haití, conocida entonces por sus habitantes taínos como parte de su mundo ancestral, existían comunidades organizadas en cacicazgos, dirigidas por caciques y sustentadas en una rica vida cultural y social.
Sin embargo, la llegada de los conquistadores trajo consigo un proceso de dominación, explotación, violencia, enfermedades y despojo que provocó una catástrofe demográfica entre los pueblos indígenas. La imposición del trabajo forzado y los abusos del sistema colonial dejaron heridas profundas que todavía forman parte de nuestra memoria histórica.
No podemos hablar de la historia con justicia si olvidamos el sufrimiento de quienes fueron despojados de sus tierras, su libertad y sus formas de vida.
Recordemos a figuras como Caonabo, símbolo de la resistencia indígena; a Anacaona, cacica de Jaragua, cuya vida terminó trágicamente bajo el dominio colonial; y a Enriquillo, quien décadas después encabezó una prolongada rebelión contra los abusos de las autoridades españolas. Sus historias nos recuerdan que nuestros pueblos originarios no aceptaron pasivamente la opresión: también resistieron, defendieron su dignidad y lucharon por su libertad.
Y cuando la población indígena fue diezmada por la violencia, las enfermedades, la explotación y otros factores, los colonizadores recurrieron de manera creciente a la trata transatlántica de africanos esclavizados. Hombres, mujeres y niños fueron arrancados de sus hogares, transportados por la fuerza y sometidos a trabajos inhumanos para enriquecer a los poderes coloniales.
Pero aquellos pueblos, a pesar de la esclavitud y la opresión, conservaron y transformaron sus conocimientos, sus ritmos, sus creencias, sus tradiciones y su extraordinaria capacidad de resistencia.
De la interacción, muchas veces desigual y violenta, entre las culturas indígenas, europeas y africanas surgieron nuevas expresiones culturales. Nuestra música, nuestra gastronomía, nuestras manifestaciones religiosas, nuestro lenguaje y muchas de nuestras costumbres reflejan esa compleja historia de encuentros, imposiciones, resistencias y aportes.
Esa diversidad constituye una parte esencial de nuestra identidad dominicana.
Sin embargo, reconocer nuestra herencia cultural no significa ocultar las injusticias del pasado. Por el contrario, significa comprenderlas para construir un presente más justo.
La historia no debe servir para alimentar el odio entre los pueblos, sino para impedir que las injusticias se repitan.
Hoy debemos preguntarnos qué hemos aprendido de aquellos acontecimientos. ¿Estamos construyendo una sociedad donde todos tengan las mismas oportunidades? ¿Defendemos los recursos de nuestra nación? ¿Respetamos la dignidad humana? ¿Combatimos la corrupción, la discriminación, la violencia y la desigualdad?
Porque la memoria histórica no puede quedarse en palabras pronunciadas durante una conmemoración. Debe convertirse en compromiso ciudadano, educación, justicia social y responsabilidad colectiva.
No basta con recordar a los pueblos que sufrieron; también debemos aprender a respetar a quienes hoy continúan luchando contra la exclusión y la pobreza. No basta con denunciar los abusos de ayer si permanecemos indiferentes ante las injusticias de hoy.
Por eso, este 12 de octubre debe invitarnos a revisar críticamente nuestra historia, a estudiar los hechos con rigor y a escuchar las voces que durante mucho tiempo fueron silenciadas.
Que en nuestras escuelas se enseñe una historia completa, que reconozca tanto los acontecimientos de la conquista y la colonización como la resistencia indígena, el sufrimiento de los africanos esclavizados y las contribuciones de todos los pueblos que participaron en la formación de nuestra sociedad.
Que nuestros niños y jóvenes aprendan que la dignidad humana no depende del color de la piel, del origen, de la condición económica ni de las creencias de cada persona.
Que comprendan que ninguna nación puede construir un futuro sólido si desconoce su pasado, y que ningún pueblo alcanza una verdadera convivencia si no está dispuesto a reconocer sus errores y aprender de ellos.
Compatriotas:
El 12 de octubre no debe ser solamente una fecha en el calendario. Debe ser una oportunidad para reflexionar, recuperar la memoria de nuestros antepasados y reafirmar nuestro compromiso con una República Dominicana más justa, solidaria, democrática y humana.
Honremos la memoria de los pueblos indígenas. Reconozcamos el sufrimiento y los aportes de los pueblos africanos. Estudiemos nuestro pasado europeo con responsabilidad histórica. Y asumamos, como dominicanos, el deber de construir una sociedad donde prevalezcan la justicia, la igualdad, la educación, la honestidad y la fraternidad.
Que las nuevas generaciones no hereden el silencio ni la indiferencia, sino el conocimiento, la conciencia y el valor de defender la dignidad de todos los seres humanos.
Porque un pueblo que conoce su historia tiene mejores herramientas para comprender su presente y transformar su futuro.
¡Que viva la memoria de nuestros pueblos originarios!
¡Que se reconozca la resistencia y la dignidad de los pueblos africanos y sus descendientes!
¡Que viva la identidad y la diversidad cultural de nuestra América!
¡Y que viva una República Dominicana comprometida con la justicia social, la igualdad y la dignidad humana!
Muchas gracias.
Discurso conmemorativo del 12 de octubre.juan Pujols RD.









