Por Fernando Despardel
Ayer visité la zona de Hato Nuevo en el sur oeste de la ciudad cumpliendo compromisos laborales y quedé impresionado con un sabor "agridulce" del explosivo urbano de ese entorno.
Los terrenos de esa comunidad representaba la primera línea de plantación cañaveral del poderoso Ingenio Haina.
Con el debacle del emporio cañaveral, poderosos y no tanto se hicieron de esos terrenos, convirtiéndolo en un enclave de desarrollo comercial y habitacional de manera desordenada y casi gratuita.
Es de las zonas donde "los que pagamos las altas facturas de electricidad, agua y otros servicios subsidiamos a esa gran masa".
Donde estaban los antiguos asentamientos de los bateyes, como Bienvenido y Palabé entre otros, hoy son enjambres poblacionales.
Debo confesar que sentí cierto alivio dentro de la desazón al apreciar una gran y enorme ciudadela compuesta por un conjunto de edificios, que según el aviso sumará 1,000 nuevos apartamentos a la zona.
Pensándolo bien 1,000 familias tendrán mejor calidad de vida, una sociedad más organizada que pagarán por los servicios y además un punto para planificar mejor la educación y otros servicios.
Destacar que esta nueva ciudadela es una iniciativa privada, obra del "Bartolomé Colón" de los nuevos tiempos: el Ing. Bisonó y su constructora.
De haber tenido gobiernos que cuidaran el patrimonio nacional, esas tierras debieron en gran parte dedicarse al agro y el Estado administrarla con más apego y criterio de propiedad.






